David Alonso, nacido en Madrid el 25 de abril de 2006, es uno de los nombres que hoy marcan el presente y el futuro del motociclismo mundial. Aunque vino al mundo en España, sus raíces colombianas, heredadas de su madre, lo llevaron a decidir competir bajo la bandera tricolor. Con apenas 19 años ya ha escrito capítulos que antes parecían imposibles para Colombia en este deporte.
Se formó desde muy pequeño entre motos y circuitos: a los cinco años ya tenía el casco puesto y a los seis inició su etapa competitiva. Su ascenso fue vertiginoso: campeón de la Red Bull Rookies Cup en 2020, protagonista en campeonatos juveniles europeos, y desde 2022 piloto regular en Moto3, categoría en la que dejó huella con victorias de carácter y actuaciones memorables.
En 2024 alcanzó la gloria absoluta: campeón del mundo de Moto3, un logro histórico para Colombia. Este título lo catapultó como una de las joyas prometedoras del motociclismo internacional. Hoy, en Moto2 —la antesala directa de MotoGP—, Alonso ya dejó su huella al ganar en Hungría, convirtiéndose en el primer piloto colombiano en la historia en subirse al podio más alto de esta categoría.
El próximo 7 de septiembre correrá la siguiente parada del segundo campeonato más importante del motociclismo mundial: lo hará en Barcelona. EL COLOMBIANO aprovechó este receso para conversar con él sobre su carrera y su vida.
¿Cómo va su carrera con ese salto que ha dado a la Moto2, donde hoy es protagonista?
“Al final, cada uno trata de luchar por sus sueños y estamos en ese proceso, disfrutando del camino, porque lo que más me gusta es pilotar una moto. Tener a todo un país detrás, como Colombia, es algo que agradezco muchísimo. Me apoyan tanto en los momentos difíciles como en los buenos, y esa responsabilidad que se siente te ayuda a tener disciplina y a querer seguir adelante”.
¿Por qué eligió el motociclismo y cuándo le picó ese bicho?
“Recuerdo que desde muy pequeñito, cuando tenía 5 años, y a los 6 empecé a competir. Ese gusto prácticamente lo tuve antes de caminar y hablar. No me gustaba salir caminando a ningún lado, siempre les decía a mis padres que me llevaran en algo con ruedas: una patineta, un carro o una moto de juguete. Siempre me llamó la atención y cuando veía las carreras por la tele quería estar allí compitiendo, y hoy lo puedo hacer”.
¿Cómo fue ese primer acercamiento?
“Todo comenzó como un hobby, una manera de pasar los fines de semana, pero desde los 6 empecé a competir. A los 10 u 11 años entré al Campeonato Nacional, que ya era más serio, porque era con un equipo profesional. Poco a poco fui escalando y siguiendo nuestros sueños”.
¿Por qué elegió representar a Colombia y lo hace con tanto amor?
“Me decidí por representar a Colombia como a los 13 años de edad, cuando entré al campeonato de Europa. Fue por mi madre, que es colombiana, y yo quería llevar su bandera. Fue una decisión que me gustó y de la que nunca me arrepiento. Aquí seguimos haciendo grande la Tricolor”.
¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?
“He ido unas cuantas veces y me encanta la comida, pero sobre todo la gente, que es muy abierta y cercana, muy feliz. La rumba también me gustó”.
¿Cuáles son las comidas que más le gustan?
“La bandeja paisa me gustó, también el ajiaco o las arepitas rellenas, es difícil elegir”.
Su ascenso ha sido meteórico, su exitoso paso por Moto3 terminando como campeón y ahora en su primer año de Moto2 con protagonismo y un primer triunfo. ¿Está muy lejos el MotoGP?
“Al final, más que pensar en el futuro, pienso en dónde estoy ahora, que es la Moto2. Trato de hacerlo bien, de consolidarme, de estar constantemente adelante y de manejar la categoría. Cuando logre todo eso, estaré preparado para el siguiente paso. Nunca he tenido prisa y siempre he querido hacer las cosas paso a paso”.