La saga de la familia de Carlos Pizarro, un símil con Cien años de soledad

Su autor, el holandés Robert Friele, asegura que es como la obra de García Márquez pero en “no ficción” porque todos los hechos sucedieron tal cual se cuentan. Un repaso por la historia del país durante un siglo.

hace 4 horas
  • Foto: Shirin Abedi
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Un día Carlos Pizarro Leongómez se acostó como un muchacho común y corriente de clase acomodada y al otro día se levantó siendo un revolucionario. Después ingresó a las Farc, posteriormente ayudó a fundar el M-19, firmó la paz y fue asesinado mientras aspiraba a la Presidencia de la República, en abril de 1990.La expresión inicial aparece en el libro Los Pizarro, que narra la saga de tres generaciones de su familia conformada por otros cuatro hermanos que también militaron en la izquierda -dos más entraron también a la guerrilla-, algo inesperado sabiendo que eran los hijos de un almirante de la Armada Nacional.

El texto recoge los orígenes, una generación antes, y se extiende hacia los descendientes para explicar cómo esa historia los ha marcado. Ahí están por ejemplo la senadora María José Pizarro y su hermana, la representante a la Cámara María del Mar.

GENERACIÓN habló con el autor del libro, el periodista holandés Robert-Jan Friele.

¿Cómo llegó usted a Colombia?

“Cuando me gradué de ‘holandés y periodismo’, decidí aprender español y fui a Costa Rica. Pasé un año viajando por Centroamérica. Al momento de volver, en el taxi sonaba salsa y entró el aire tropical, y me dije: ‘Aquí quiero volver pronto’. Logré regresar al año siguiente y desde entonces siempre he estado en contacto con América Latina. Después quise combinar mis dos pasiones: el periodismo y Latinoamérica, me fui de corresponsal a Buenos Aires en 2008 y vivimos allí dos años, pero Buenos Aires me parecía muy europeo; yo quería vivir en un país latino porque uno no puede ser corresponsal en América Latina sin haber vivido en un país latino. Entonces, nos mudamos a Bogotá y pasamos casi dos años”.

¿Por qué decide hacer un libro sobre los Pizarro cuando entonces estaban más recientes fenómenos como la desmovilización paramilitar, con los Castaño, o escribir de los Marulanda o el propio Álvaro Uribe?

“Me encontré con la historia de los Pizarro y me cautivó que proviniendo de cierta élite se volvieran izquierdistas. Además había una tercera generación de mi edad y me preguntaba cómo es para ellos hacer sus vidas después de que sus padres hubieran hecho tales cosas, habiendo crecido en la época de las bombas. Además, todos, desde el Almirante hasta la tercera generación, quisieron cambiar a Colombia para mejorarla. Me gustaría que tanto gente de izquierda como de derecha lea el libro, porque aunque algunos piensen que es romántico sobre la guerrilla, soy bastante crítico con las acciones de esta. Quería entender lo que pasó por soñar con un país mejor.

Al leer Los Pizarro es inevitable hacer un símil con Cien años de soledad: por la temporalidad, la casta marcada por la violencia, la matrona (Úrsula-Margoth) y el coronel Aureliano Buendía (así se llamó Carlos en armas), hay también una Amaranta, y hasta por los hijos no reconocidos. ¿Fue consciente de esa estructura?

“Absolutamente consciente. En Holanda explicaba que era como Cien años de soledad, pero de ‘No ficción’. Sobre la veracidad, todos los familiares que han querido han revisado el texto para evitar errores o malas interpretaciones. He hecho cambios pequeños, pero sigue siendo mi libro; hay gente que prefiere que algunas partes no se hubieran publicado”.

¿Cómo un libro sobre la historia de Colombia agota cuatro ediciones en Países Bajos?

“Es una pregunta que se hacen muchos colombianos. Creo que es por tres razones: primero, en Holanda hay una tradición fuerte de no ficción narrativa; este no es un libro de historia denso, sino un relato muy narrativo. Segundo, Colombia interesa de forma latente. Tercero, el libro tiene valores universales: conflictos entre padres e hijos, sueños y ambiciones que pueden descarriar a las personas. Algunos lectores se interesan por el Almirante y otros por Eduardo Pizarro y su vocación por la paz”.

Es un libro de 600 páginas, un número arriesgado para nuestro país. ¿Fue consciente de ese riesgo editorial?

“No fui consciente de muchas cosas; empecé a viajar y a entrevistarme con personas y la historia se fue agrandando. En cierto momento tenía casi 850 páginas. Mi editorial en Holanda nunca me dijo nada sobre el tamaño. Saqué capítulos para achicarlo, como uno sobre el seminario en La Estrella donde José Obdulio Gaviria estudió con Carlos Pizarro”.

¿Cómo es eso?

“Fui a entrevistar a José Obdulio porque me contaron que era amigo de Carlos y no podía creerlo. Por el conflicto tan prolongado en Colombia, hay conexiones muy llamativas entre personas de bandos diferentes. Traté de que cada capítulo se lea como una aventura aparte que te engancha, utilizando lo que llamo “Netflixización”: contar historias de forma programada con un cliffhanger (final en suspenso) para que el lector quiera terminar el libro”.

¿Es decir que lo pensó para que se convirtiera en una serie de Netflix?

“No, aunque sería excelente. Pensé en la estructura porque con tanta información y personajes, el problema era cómo evitar que el lector se perdiera, y mantenerlo enganchado”.

¿Cómo hizo para tener datos tan recientes de agosto o octubre de 2025, si el libro salió en octubre?

“Pudimos cambiar cosas al final. En el epílogo decía que María José Pizarro se había postulado a la Presidencia, pero una semana antes de entrar a imprenta ella se retiró; llamé al editor y sacamos la frase”.

Es la dificultad de escribir sobre hechos contemporáneos, la historia puede cambiar rápido y hasta perder vigencia.

“Con la llegada de Petro, Colombia no cambió tanto, así que pude cambiar un par de cosas pequeñas. No soy muy optimista; durante el gobierno de Petro tampoco tuvo lugar la gran revolución social que la izquierda siempre había defendido”.

¿Por qué la edición en español tiene 100 páginas más?

“Porque ustedes necesitan más palabras”.

¿Cuál era su propósito esencial, relatar la historia del país o la biografía de los Pizarro?

“La historia de la familia entera, a través de los cinco hijos del Almirante, que tomaron opciones tan diferentes, y a través de ellos creía poder contar la Colombia entera”.

En Medellín el narcotráfico tocó a casi todas las familias y parece haber un pacto de olvido, los padres no cuentan esa historia a los hijos. ¿Se encontró con eso?

“Sí, y pensaba en mi propio país. En Holanda tenemos el trauma de la Segunda Guerra Mundial y existe el “síndrome de la segunda generación”: ese sentir en casa de que algo está mal, pero la gente no habla de ello. En el caso de los Pizarro, la historia de Hernando fue muy silenciada”.

Margoth, la madre de los Pizarro, es un personaje central, parece que lo cautivó.

“Vi que era un personaje central, pero también producto de su época. Inculcó en sus hijos que debían ser importantes. Tenía un corazón enorme y a la vez rasgos de machismo e idiosincrasia de su clase; era un poco elitista. Como soy profundamente holandés, de un país con vocación de igualdad y sin élites absolutas, ver eso fue muy llamativo”.

¿También lo cautivó el almirante Juan Antonio Pizarro, quien era muy distinto de los demás militares?

“Fue mi gran sorpresa; estaba convencido de que él había roto con sus hijos, pero mantuvo su amor por ellos. Él no odia las opiniones diferentes, odia las incoherencias. En Carlos, la tradición militar está muy presente, pero como guerrero.

Y Hernando, el hermano de Carlos, está presente como un fantasma, es el personaje del que nadie quiere hablar.

“Carlos es el arquetipo del héroe: guapo, carismático, decide la paz y se convierte en mártir. Hernando es otro cuento y me generó curiosidad porque nadie entendía qué había pasado con él. Es un personaje enigmático, gris, un militar oscuro desde la izquierda. Llegué hasta donde pude, incluso la Comisión de la Verdad me contactó por el informe sobre Tacueyó (donde Hernando Pizarro participó en la masacre de 150 guerrilleros del Frente Ricardo Franco), pero no me fue posible dar la respuesta final sobre si trabajaba para dos bandos”.

¿Hubo algún dato que fuera una gran revelación?

“Por ejemplo, el tema del hijo no reconocido de Carlos, Carlos Andrés Mendoza Molina”.

Sorprende que doña Margoth no lo reconociera como nieto.

“Creo que querían mantener la apariencia de una ‘familia de bien’ de la época”.

Usted menciona que Carlos Pizarro prácticamente se acostó un día sin mucho interés y se levantó siendo revolucionario.

“Él era emocionalmente fogoso. Fue como si hubiera tenido una epifanía o una revelación que ocasionó ese cambio”.

Sobre el Palacio de Justicia, dice que después de 1985 Colombia perdió definitivamente todo pudor. ¿Cree que ese rumbo de sangre finalizará algún día?

“Los colombianos padecen de un fatalismo sobre su propia violencia, viéndola como algo inevitable, pero creo que puede cambiar. Es cruel que Pizarro sobreviviera a la guerra pero no a la paz. Él no tenía ideas de izquierda radicales al final; era más un socialdemócrata de centro”.

¿No siente que pasó muy por encima de la tercera generación y por personajes como María José y María del Mar Pizarro?

“Cuando investigué (entre 2015 y 2019), ellas tenían un perfil mucho más bajo. María José acababa de ser elegida en la Cámara y María del Mar tenía una empresa de productos de limpieza. Su perfil cambió mucho después de la publicación en Holanda. En el epílogo trato de contarlo un poco. No quise esperar más para publicar por las burocracias editoriales”.

¿Cómo fueron las 150 entrevistas que realizó?

“El 90% fueron presenciales. De Eduardo Pizarro tengo 500 páginas de entrevistas transcritas. Fui a hablar con una psicóloga en Holanda para preguntar si podía hacer daño a la gente al preguntarles sobre sus traumas y la guerra; ella me dijo que si mostraba respeto, podía preguntar tranquilamente. A veces tenía ganas de echarme en una cama y llorar por las cosas que me contaban. Los Pizarro son cerrados y a veces me ayudaba hablar con las esposas, porque ellas sí sabían lo que pensaban sus maridos”.

¿Su idiosincrasia holandesa influyó en el tono del libro, permitiéndolo mantenerse al margen de apasionamientos?

“Sí, veo a todos con ojos fríos de periodista, tratando de entender sus decisiones sin emociones excesivas. Mi condición de extranjero ayudó a no llegar a juzgar, sino a comprender”.

¿Cree que habrá Pizarros para rato en la política de Colombia?

“Actualmente hay dos, y Valeria, la hija de Juan Antonio, que está en Cartagena, es ambientalista fanática, pero no sé si entrará a la política”.

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