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Trump acelera la recuperación del petróleo en Venezuela, ¿para cuándo la democracia?

El secretario de Estado, Marco Rubio, se ha convertido en una especie de virrey de la Casa Blanca en Venezuela: está encargado de revitalizar la economía, liberar a los presos políticos y recuperar la democracia. ¿Cómo lo hará?

  • El operativo que Donald Trump activó en Venezuela el pasado 3 de enero volvió a poner en la agenda pública la teoría de que este actúa “como un loco”, es decir, de manera imprevista. FOTO getty
    El operativo que Donald Trump activó en Venezuela el pasado 3 de enero volvió a poner en la agenda pública la teoría de que este actúa “como un loco”, es decir, de manera imprevista. FOTO getty
Daniel Rivera Marín

Editor General

10 de enero de 2026
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Hace varios meses a Donald Trump le preguntaron si atacaría a Irán como lo estaba haciendo Israel y contestó: “Tal vez lo haga. Tal vez no. Nadie sabe lo que voy a hacer”. En esa sentencia, que parece de niño juguetón, se resume el estilo de gobierno que ha implementado el presidente de Estados Unidos: es completamente impredecible. La captura de Nicolás Maduro, en la madrugada del 3 de enero, volvió a poner en redes la idea de que Trump se alinea con la “teoría del loco”.

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Después de meses cazando lanchas en el Caribe y el Pacífico, algunas de ellas probadas como narcolanchas, y matando a los custodios sin ningún trámite judicial, parecía que Trump no sería capaz de meterse a Venezuela para extraer a Maduro, pero lo hizo ante la mirada del mundo.

Así quedó demostrado esto que había publicado la BBC un par de meses atrás: “Los científicos políticos llaman eso la ‘teoría del loco’, en la que un líder mundial busca convencer a su adversario de que es temperamentalmente capaz de cualquier cosa, para lograr concesiones. Utilizada de manera eficaz, puede ser una forma de extorsión y Trump cree que le está dando dividendos, posicionando a los aliados de EE. UU. donde los quiere”.

Desde entonces, Trump ha dicho que se trató de un operativo militar “espectacular” y, luego, aseguró que Estados Unidos gobernaría muchos años sobre Venezuela, además de que controlaría la venta de petróleo, del que ya tiene comprometido 50 millones de barriles —más o menos cincuenta días de producción—, cuyo dinero irá directo a una fiducia con la que solo se podrán comprar productos norteamericanos. Pero, más allá de eso, ¿cuál es el plan que tiene Trump?

Por ahora se sabe que la relación de la Casa Blanca con Delcy Rodríguez, hoy presidenta encargada y quien fue la última vicepresidente de Nicolás Maduro, es bastante fluida.

Trump le dijo a The New York Times: “Nos están dando lo que consideramos necesario... reconstruiremos el país de una manera muy rentable. Vamos a usar petróleo, y vamos a tomar petróleo. Estamos bajando los precios del petróleo, y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente”.

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La captura del petróleo por los próximos meses es para muchos una manera de asegurar que la distribución de las ganancias se vaya directo a la recuperación de las redes industriales y de la infraestructura, además de garantizar un beneficio de esa reconstrucción para las empresas gringas.

En un artículo titulado “Trump insta a las compañías petroleras a acelerar los trabajos en Venezuela”, The New York Times aseguró que funcionarios de la Casa Blanca crearon un plan básico y amplio para tomar el control de “la lucrativa industria petrolera venezolana y han declarado que esperan que los nuevos líderes del país sigan las órdenes de Washington. En la reunión con ejecutivos petroleros estadounidenses, Trump afirmó que sus compañías ‘reconstruirían rápidamente la deteriorada industria petrolera venezolana y producirían millones de barriles de petróleo para beneficio de Estados Unidos, del pueblo venezolano y del mundo entero’. Aseguró que las compañías petroleras estadounidenses invertirían al menos 100.000 millones de dólares en Venezuela”.

Sin embargo, por algo desde el Gobierno advirtieron que esperan que los empresarios sigan el llamado del presidente, pues no es muy seguro que estén dispuestos para dicha inversión.

Justo el periódico de Nueva York citó a Darren Woods, director ejecutivo de Exxon Mobil, la mayor compañía petrolera de Estados Unidos: “Nos han confiscado nuestros activos allí dos veces, así que, como pueden imaginar, volver a entrar una tercera vez requeriría cambios bastante significativos... Hoy en día no se puede invertir allí”.

Es decir: los empresarios estadounidenses esperan un cambio total de la cúpula política y militar de Venezuela, esperan una donde no se choquen con una eventual expropiación o que amarre las exploraciones con mecanismos políticos sacados de debajo de la manga, como hicieron, primero, Hugo Chávez y, después, Nicolás Maduro.

Ahí es donde, como decimos en Colombia, el dulce se pone a mordiscos, pues no se entiende muy bien cuál es el camino político que quiere seguir la Casa Blanca para la transición.

Algunos, quizá ingenuos, esperaban que el poder lo asumiera de inmediato María Corina Machado o Edmundo González, pero eso no sucedió, porque los gringos saben bien que el chavismo está esparcido por todas las estancias del poder de Caracas y, antes que quitarlo, toca negociar; esto sin contar con la enorme cantidad de grupos paramilitares que se disputan el poder en las regiones y de las distintas facciones políticas en que se ha dividido el chavismo.

Es decir, como se actuaba con la presencia naval en el Caribe, toca dar pequeños pasos hasta llegar a asestar el golpe.

El encargado de todo el movimiento es el secretario de Estado, Marco Rubio, a quien ahora le dicen el virrey de Trump en Venezuela, una figura que recuerda la época de La Colonia, cuando la corona española ejercía su autoridad a través de ungidos que regían el poder con la bendición del rey.

No se trata de un puesto azaroso, Rubio es quien se ha encargado de mirar a Latinoamérica, y es quien ha fijado las políticas de la Casa Blanca con países como México, Venezuela y Colombia, fue él quien ideó la estrategia del Caribe, según han destacado muchos medios de Norteamérica.

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Rubio —54 años, exsenador, hijo de cubanos exiliados—, acompañó a Trump desde Mar-a-Lago la madrugada del 3 de enero cuando la Delta Force se metió a Caracas. Luego del movimiento, fue Rubio quien largo y tendido habló con Delcy Rodríguez.

Fue una conversación en la que le dijo cuáles eran las nuevas condiciones para que siguiera ella en el mando del Palacio de Miraflores. Ese lugar de poner condiciones seguirá en sus manos, pues el mismo Trump lo tiene entre sus cuatro asesores que le dan línea sobre qué hacer con Venezuela —los otros tres funcionarios son el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el vicepresidente, J. D. Vance, y el consejero para la política interna y jefe adjunto de Gabinete en la Casa Blanca, Stephen Miller—.

Quizá la primera tarea que tiene Rubio es mantener a Rodríguez al pie, leal, pues no es un secreto que Maduro lograba el consenso porque el mismísimo Hugo Chávez lo bendijo desde su lecho de muerte. Un análisis del periódico El País decía esta semana: “Rubio tendrá que decidir cómo se reestructura el sector energético venezolano, la gran riqueza del país cuyo control es objetivo de la intervención estadounidense.

El dominio del español, su experiencia de décadas en América Latina y sus contactos con la oposición venezolana le convierten en el enlace clave para tratar con las nuevas-viejas autoridades en el país sudamericano durante el camino a esa transición ‘ordenada’ y ‘fiable’ de la que habla Trump”.

En entrevista con la CBS, Rubio dijo que no se alejarán de Caracas y que, mucho menos, dejarán de apretar al poder: “Es una enorme capacidad de presión que seguirá activada hasta que veamos cambios que no solo beneficien a los intereses nacionales de Estados Unidos, que es lo principal, sino que también lleven a un mejor futuro para el pueblo de Venezuela”.

La Casa Blanca ha calculado que se necesitan 18 meses de trabajo intenso para recuperar la infraestructura petrolera y la agilidad de las ventas, pero aún no se ha dicho cuánto demorará en volver la democracia y, muchos menos, cuándo habrá elecciones.

Esta semana, María Corina Machado dijo que no se ha visto con Trump y que espera verlo para regalarle el premio Nobel que recibió hace poco más de un mes en Oslo, lo que muestra que la oposición está lejos del presidente y que desconocen los planes que este tiene, porque, como ya él mismo ha dicho sobre otros temas: “Nadie sabe lo que voy a hacer”.

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