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El incómodo Estado de derecho

hace 1 hora
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Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

En esta agria disputa electoral aparece en escena el embate que desde el Gobierno Nacional se da contra una de las instituciones más respetadas y que mejor funcionan en el país, como es el Banco de la República. Entró en la narrativa presidencial su deslegitimación, la misma por la que han pasado las Cortes y otros órganos de control del poder público que le dan vigor a la democracia a través de los pesos y contrapesos institucionales. Sin ellos operando, el país sería un caos y estaría en manos de aquellos autócratas que consideran incómodo el Estado de derecho.

En tanto la institucionalidad colombiana sufre continuamente de ataques del Ejecutivo nacional, las cuentas públicas están convertidas en un caos y el próximo presidente de la Republica heredará una situación fiscal alarmante. Se estima que el llamado déficit gemelo –suma del déficit fiscal más el déficit de balanza comercial, causado por mayores importaciones que exportaciones– llegó al 7.5% en el 2025.

Lo más grave del asunto es que no se está haciendo nada para enfrentarlo. Este 2026 va por el mismo camino. No se quiere percatar el Gobierno de que sin ajuste fiscal, con su mentalidad derrochadora, que congeló la vigencia de la regla fiscal y sin ninguna estrategia para fortalecer el sector externo, la situación del próximo mandatario estará más que enredada. El director del Comité de la Regla Fiscal ya lanzó la advertencia de que si no se hace un ajuste por más de 30 billones de pesos en este 2026, “el desequilibrio entre ingresos y gastos será insostenible”. Palabras que caen en el vacío ante la obstinación del actual Gobierno central de seguir gastando y malgastando, multiplicando contratos entre compadres y ahijados, utilizando buena parte de los ingresos oficiales para ganar estas elecciones.

No es menos grave la situación de la deuda pública. Según Anif llega al 65% del PIB –1.200 billones de pesos– lo que representa un incremento de cerca del 50% más de lo que la dejó en el 2022 Iván Duque, después de soportar la dura época de pandemia. Situación que con el del déficit fiscal, alarma a los mercados y que ha conducido a que Colombia esté pagando no solo las más altas tasas de su historia para poder colocar sus títulos de deuda pública en el mercado internacional, sino a que se constituya como el cuarto país emergente con el interés de deuda más costoso medido en dólares. Uno de cada cuatro pesos del presupuesto general de la Nación –datos de la Andi– se destinan al solo pago de intereses.

El exministro de Hacienda José Antonio Ocampo recordaba en días pasados que Colombia no solo canceló el acceso a la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, la mejor agencia entre todos los organismos pares que lo ofrecen, sino que el margen de riesgo internacional colombiano –agravado por la evaluación negativa que las calificadoras de riesgo le han dado al país– es superior al de Chile, Perú, Brasil y México. No falta el despistado en el alto gobierno que busque consuelo afirmando que estamos mejor que Haití o Nicaragua.

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