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Palomas y contratos

Definitivamente, el gobierno del cambio es muy eficiente en la entrega de los contratos a sus amigos y no en licitación abierta como se hacía antes.

15 de diciembre de 2024
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  • Palomas y contratos

Por Juan Gómez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Se volvió gancho, para conseguir contratos con el gobierno nacional, prestar aviones privados antes y durante las campañas presidenciales. Por lo menos así lo explican los contratistas del Estado en este gobierno del cambio.

Un empresario que le prestó su avión al doctor Petro se defiende diciendo que cuando esto sucedió no se había iniciado la campaña, es de suponer, entonces, que eran grandes amigos para justificar este préstamo. Pero el pago de ese servicio a su amigo vino después y con creces, cuando casualmente llegó a la Presidencia de la República.

Para justificar su afirmación, argumenta que ese vuelo ni siquiera se menciona en el reporte de los gastos de campaña. Y es cierto, porque el pago vino después con jugosos contratos con el Estado.

Cuando se presentó la tragedia en Rosas, departamento del Cauca, el dueño del avión del cuento recibió un contrato en forma directa, sin licitación previa, para la reconstrucción de la carretera afectada, primero por 60.000 millones de pesos, luego con un reajuste por 20.000 millones. No sé cuánto valdría el vuelo mencionado, pero creo que se pagó con creces, aunque el dueño de la firma contratista habla de algo más de 153.000 millones, pero nos quedamos sin saber el pico.

La cosa no se quedó así. Luego otras entidades del Estado, que maneja Petro, siguieron pagando el favor con más contratos. Veamos: Findeter firmó con Contecha en enero de 2024, empresa del afortunado dueño del avión, un contrato de obra por 200.000 millones de pesos para la construcción de una segunda calzada en la carretera entre Romelia y El Pollo, en el departamento de Risaralda. En ese entonces, la representante legal de Fiduprevisora era la doctora Daniela Andrade Valencia, pareja de un alto asesor de la Presidencia también salpicado por el caso UNGRD.

Este alto asesor, Ramírez Cobo, padrino de matrimonio de su amiga Laura Sarabia, fue llevado al alto gobierno por ella. El hermano de Laura, Andrés Sarabia, ha intervenido en entidades del Estado para favorecer a contratistas privados. La cosa no se queda allí, hasta para diversiones han contratado un avión para viajar a Medellín. Cuando se presentó Karol G. en esta ciudad, el amigo de Andrés Sarabia, David Cure, alquiló un avión para viajar a presenciar este concierto, en compañía de Jaime Ramírez, Daniela Andrade, Gabriel Calle, Andrés Saravia y David Cure, además de otras personas.

Algunos de los mencionados, han recibido jugosos nombramientos por parte del gobierno del cambio: A Daniela Andrade se le entregó una de las notarías más importantes de la capital. La firma Contecha, en diciembre de 2023, se ganó otro contrato entregado por Findeter a la unión temporal Ingeniería de Vías, de la cual la empresa mencionada hace parte, para la construcción de la variante sur occidental de Cartago, en el Valle del Cauca. Definitivamente, el gobierno del cambio es muy eficiente en la entrega de los contratos a sus amigos y no en licitación abierta como se hacía antes.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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