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El país que soñamos. Educación de calidad, propósito nacional

28 de diciembre de 2025
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  • El país que soñamos. Educación de calidad, propósito nacional

Por Juan Manuel del Corral - opinion@elcolombiano.com.co

Hay pocas causas capaces de unir a Colombia por encima de diferencias políticas, ideológicas o regionales. La educación es una. En ella se juega no solo el futuro de millones de niños y jóvenes, sino la posibilidad real de construir un país justo, productivo y competitivo. La educación es más que un sistema escolar, es un proceso profundamente humano que ayuda a formar el carácter, a despertar curiosidad, a crear sentido de pertenencia y a generar oportunidades. Una sociedad que educa bien, produce profesionales competentes y ciudadanos críticos, solidarios y capaces de convivir con quienes piensan distinto.

Cuando se recorren distintas regiones, esta verdad se confirma. En muchas escuelas urbanas y rurales, la educación sigue siendo refugio de esperanza. Aun con limitaciones, hay maestros que inspiran y transforman vidas. Allí donde la escuela funciona, la violencia disminuye, la confianza crece y la comunidad se fortalece.

En Colombia, lamentablemente, el sitio de nacimiento y el estrato social, marcan en gran medida las oportunidades de salir adelante. Existen brechas en calidad educativa, acceso a tecnología y pedagogía. El problema no es la falta de recursos, es el exceso de promesas acompañado de la lentitud en cerrar tantas brechas de equidad. Por eso, el país que soñamos, necesita convertir la educación en un propósito nacional, no como deseo político, sino como proyecto colectivo irrenunciable de largo plazo.

Esto implica asumir un desafío nacional por la calidad educativa, con metas claras y medibles, que todos los niños aprendan a leer y comprender a temprana edad, que todos dominen matemáticas básicas antes de la adolescencia, que ningún colegio esté desconectado de internet, ni de herramientas pedagógicas modernas. Existen colegios públicos, privados y de fundaciones que logran resultados sobresalientes incluso en contextos difíciles. Construir escuelas y colegios de excelencia, entregar en concesión a quienes obtienen mejores resultados. No se trata de competir por prestigio, sino de escalar la calidad donde más se necesita. La calidad en estratos bajos debe ser similar a la de colegios privados. Sí se puede, Enrique Peñalosa logró avances muy significativos.

Un detalle es la libertad de elección de las familias, con reglas claras y equidad. Cuando la calidad es visible y comparable y las familias participan, todo el sistema mejora. Necesitamos las herramientas educativas más eficaces como plataformas digitales, tutorías virtuales, contenidos interactivos que permitan igualar oportunidades y ampliar el impacto de los buenos maestros.

Nada de lo anterior será posible si no hay prioridad en el presupuesto nacional y sin indicadores claros y transparentes. Medir el progreso del estudiante, la permanencia escolar y la mejora frente a la línea base no es castigar, sino aprender y corregir. Maestros y directivos deben ser protagonistas de la transformación. Un sistema moderno combina formación continua, acompañamiento y reconocimiento al desempeño, fortaleciendo la autoridad pedagógica y el impacto en los estudiantes.

A este esfuerzo puede sumarse un mecanismo probado. En Estados Unidos, las donaciones particulares a centros educativos, acompañadas de incentivos fiscales, han fortalecido la calidad y la cobertura. Un esquema similar en Colombia permitiría que personas y empresas se vinculen a un proyecto nacional por la educación, generando recursos, sentido de pertenencia y compromiso de largo plazo.

Colombia cuenta con capital humano dispuesto a servir. Maestros jubilados, profesionales retirados, universitarios y jóvenes con vocación podrían integrar un voluntariado para tutorías y mentorías, colegio por colegio. Convertir la educación en propósito nacional no es tarea de un gobierno ni de un sector. Es una responsabilidad compartida. Si Colombia logra poner la educación en el centro habrá dado el paso más importante hacia el país que soñamos.

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