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Alimentar el cerebro creativo

hace 33 minutos
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Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

La neurociencia es una de esas disciplinas científicas apasionantes que, sin uno saberlo, tiene implicaciones en el día a día de todos. Su objetivo es entender cómo se producen los pensamientos, las emociones y las conductas que nos definen, investigando las redes y los sistemas que nos permiten ser quienes somos.

De esto sabe mucho la neurocientífica Nazareth Castellanos, una divulgadora que trabaja con el Museo del Prado de Madrid y que tiene una muy recomendable conferencia en la web de esa institución. Se titula Retrato de un cerebro. Los artistas, de las neuronas a la creatividad. De entre las muchas cosas interesantes que dice, respaldada por cantidad de investigaciones y experimentos, vale la pena resaltar la siguiente idea: cuando nacemos, venimos con una información genética determinada. Pero según lo que hagamos a lo largo de la vida, podemos modificar la expresión de nuestros genes.

Y para ejemplificar esta verdad, toma el caso del pintor Diego Velázquez, cuyas obras más destacadas se encuentran en el Prado. De él cuenta que nació con cerebro privilegiado, sí, pero que fue gracias a su aprendizaje con Francisco Pacheco, a la sincronización cerebral entre el maestro y el alumno -algo que se da cuando hay una verdadera conexión- que sus capacidades despertaron. Luego terminaría de desarrollar su cerebro con experiencias que tuvo a lo largo de su vida, los viajes, lo que vio y lo que asimiló.

Castellanos descubrió, observando los cuadros de Velázquez y estudiando su historia, que este pintaba con un eje: ojos, mirada, corazón, mano. El circuito mirada ojos pasa siempre por el corazón. Cada vez que el corazón late, el ojo hace un rastreo, después parpadea y se vuelca hacia adentro, buceando en todas esas experiencias que lo han nutrido.

La neurociencia dice que el ojo es la parte visible del cerebro. Velázquez la desarrolló especialmente y por eso podía captar diferentes tipos de luz, diferentes perspectivas. Pero lo que lo diferencia de muchos es que consiguió elevar al máximo su capacidad para descifrar una cara y asociarla a una emoción. De ahí esos retratos inolvidables de personajes de la historia cuyo carácter alcanzamos a entender sin que medie palabra.

Cuando Velázquez pintaba, en su cabeza se activaban varias redes cerebrales a la vez, todas ellas conectadas a la creatividad, a la innovación, a la apreciación estética, a la memoria, la cultura y la perspectiva. Así, frente a la pregunta de si el pintor nace o se hace, podríamos contestar que necesita la simbiosis de esos dos actos para superar el simple quehacer.

Lo interesante es que los seres humanos somos creativos en todo lo que hacemos, así no estemos produciendo obras de arte. Desde que nos levantamos por la mañana estamos creando el día. Con las experiencias que vamos teniendo a medida que las horas avanzan, con lo que elegimos ver en las pantallas, con el paseo que dimos o la conversación que tuvimos. Todas esas elecciones las vamos incorporando, nos alimentan.

Un buen propósito para este año podría ser elegir con conciencia lo que vemos y lo que hacemos para alimentar la creatividad diaria. Esos estímulos a los que nos exponemos, esa simple elección entre salir a caminar o quedarse haciendo scroll en el teléfono van a ser determinantes.

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