El tiempo es el hilo conductor de El relojero de la Catedral, la novela del escritor Pablo Navarrete que reconstruye la historia de su familia a lo largo de varias generaciones y la conecta con episodios clave de Bogotá y del país. La obra parte de un hecho concreto: durante décadas, su bisabuelo Joaquín Rodríguez fue el encargado de dar cuerda al reloj de la torre de la Catedral Primada de Colombia, continuando un oficio iniciado por su padre, Elías Rodríguez.
El templo donde transcurre esta historia no es un escenario menor. La catedral ha sido un punto central desde la fundación misma de la ciudad: en 1538, tras la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada, allí se ofició la primera misa por parte de Fray Domingo de las Casas.
Siglos después, durante el Grito de Independencia de Colombia, la catedral y la actual Plaza de Bolívar se convirtieron en el epicentro de la revuelta contra el dominio español.
Lea: Evite dolores de cabeza y más: así puede identificar un buen pescado en Semana Santa
En el Siglo XIX fue testigo de los disturbios del El Bogotazo (9 de abril de 1948) tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y también de la violencia durante la toma y retoma del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985.
Además, ha recibido visitas de papas como Pablo VI, Juan Pablo II y Francisco, y funciona como panteón nacional, al albergar los restos de figuras como Antonio Nariño y el propio Jiménez de Quesada.
En ese espacio, donde convergen historia política, religiosa y social, se inscribe también la historia íntima de la familia Rodríguez.
“Siempre hubo una deuda con esta historia”, explica el autor en diálogo con EL COLOMBIANO, quien creció escuchando relatos familiares de su tío Juan Manuel, pieza clave en la reconstrucción del caso, y de su abuela Mercedes sobre la vida de Joaquín y sobre una Bogotá marcada por dificultades y pérdidas.
Esos recuerdos estaban atravesados por el dolor: “Siempre que escuchaba la historia, me llevaba a sentir el dolor de mi abuela, de mi padre, de mis tíos”.
Le puede interesar: El vino que un Papa creó en Francia en el siglo XIV y aún se produce hoy
Esa motivación se volvió más urgente cuando decidió entrevistar a su abuela para reconstruir el pasado familiar. “Cuando acabo las entrevistas con mi abuela, a la semana fallece sorpresivamente”, relata. A partir de ese momento, el proyecto adquirió otro sentido: “Contarla es saldar una deuda que la familia tiene con la vida de Joaquín Rodríguez”.
Regístrate al newsletter