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Elecciones 2026: coge fuerza la “Gran Consulta” con nueve candidatos

Por primera vez en la historia política de Colombia se miden tantos candidatos en un solo mecanismo. El hecho de que sea en medio de las elecciones legislativas, dicen expertos, suma votos de opinión y maquinaria. Análisis.

  • La Gran Consulta de marzo tiene un valor adicional: coincide con las elecciones de Congreso: eso significa que los votos que se depositan para los congresistas llevan al hombro a los candidatos presidenciales. Fotos: Colprensa y cortesía
    La Gran Consulta de marzo tiene un valor adicional: coincide con las elecciones de Congreso: eso significa que los votos que se depositan para los congresistas llevan al hombro a los candidatos presidenciales. Fotos: Colprensa y cortesía
hace 42 minutos
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El dato de 100 candidatos para las elecciones presidenciales de 2026 ya es historia. Cada vez, y en la medida en que se van sumando candidatos a las consultas de marzo, es más claro que se decantan los nombres que llegarán a las urnas el 31 de mayo para la primera vuelta presidencial.

El más reciente en sumarse fue Juan Carlos Pinzón, que se convirtió en el candidato número nueve de la llamada “Gran Consulta por Colombia”, que se ubica en el espectro de la centroderecha. Como dato curioso, nunca antes en Colombia se había hecho una consulta con un número tan alto de aspirantes.

De esa manera ya se han integrado la mayoría y solo quedan por fuera Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella. Curiosamente los de la frase que utilizó en su momento Álvaro Uribe para promover una consulta del centro y la derecha: “De Fajardo hasta Abelardo”.

De resto, si las cosas siguen como van, y con las consultas en marcha, se vislumbra que para mayo llegarían máximo cuatro candidatos con posibilidades: el que resulte de la consulta de izquierda del Frente Amplio, que se la disputan básicamente entre Iván Cepeda y Roy Barreras; el ganador de la “Gran Consulta” y Fajardo y De la Espriella, si no terminan sumándose a alguna de las consultas.

Es una decisión estratégica de hondo calado participar o no en esos mecanismos. Hasta ahora, en Colombia, han sido una ruta ganadora. Le sirvió a candidatos como Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro a catapultarlos gracias al impacto simbólico del triunfo en ellas.

Las consultas de marzo no son un trámite previo ni un simple mecanismo de selección interna: son, en los hechos, la primera gran batalla de la elección presidencial y el termómetro que marca la pauta de ahí en adelante.

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Sin embargo, hay quienes hacen una reflexión diferente, y dicen que ganar la consulta no garantiza ganar la Presidencia. Dan como ejemplo lo ocurrido con el propio Petro en 2018 —cuando ganó la consulta con 2’853.731 votos contra el exalcalde y exgobernador Carlos Caicedo— y sobre todo lo ocurrido con Federico Gutiérrez en 2022, que incluso no pasó a segunda vuelta, y quien se ganó su lugar fue Rodolfo Hernández.

Esa es la apuesta de algunos en el equipo de Fajardo y de Abelardo.

En teoría, participar en la consulta es una salida ganadora. En el caso de la “Gran Consulta”, por ejemplo, si los electores de los partidos Liberal, Conservador, Centro Democrático y Cambio Radical, por mencionar algunos, votan en ella, representaría cerca de 8 millones de votos.

Un case sin duda importante para llegar a mayo. La tentación de ir por fuera siempre existe. El cálculo es conocido: evitar el desgaste, preservar identidad propia, no exponerse a una derrota temprana. Pero ese cálculo hoy tiene un problema serio: perder protagonismo y caer en la irrelevancia.

Quien no esté en la consulta corre el riesgo de llegar a mayo sin relato de fuerza, sin estructura probada y sin un dato duro que respalde su aspiración. En una campaña cada vez más corta y más polarizada, eso es empezar cuesta arriba.

Sin embargo, quienes están en la consulta también corren un riesgo, y es que son tantos los candidatos que puede atomizarse mucho el voto y el ganador puede no obtener una cifra que parezca contundente.

Para el politólogo Guillermo Henao, experto en comunicación política, las consultas son algo así como una “primera vuelta”.

Esto porque les da a los candidatos visibilidad mediática. “Las razones pasan por la exposición en una fecha de elección plurinominal donde no se ven sino partidos y números, a estar en un tarjetón donde se encuentra la foto y el nombre”, señala y agrega: “en las últimas consultas se ha presentado un despegue de favorabilidad de los candidatos ganadores, esto debido al efecto agrupamiento que se genera luego de ser reconocida la victoria y las adhesiones posteriores”.

El experto recuerda que “desde que el modelo de consultas empezó a imponerse, los candidatos pueden tener algunos beneficios como la reposición de votos, reconfiguración de equipos, visibilidad mediada, aumento del reconocimiento y la posibilidad de copar un espacio ideológico o electoral con relativa facilidad”, concluye.

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Los números ordenan el poder

Un candidato que gana una consulta amplia puede decir, con hechos, que ya fue escogido por millones de ciudadanos. Ese dato se convierte en argumento frente a los votantes indecisos, que tienden a alinearse con quienes perciben como viables; frente a las dirigencias regionales, que suelen esperar señales claras antes de comprometerse y también para los financiadores y aliados, que invierten donde ven posibilidad real de poder.

En ese sentido, la consulta funciona como un sello de certificación política: no garantiza la victoria, pero acredita competitividad.

EL COLOMBIANO también consultó al estratega político Miguel Jaramillo Luján, quien considera que “las consultas que se realizan en paralelo al Congreso aplacan a los candidatos, sobre todo a quienes también presentan listas al Senado y la Cámara. El 8 de marzo salen a votar en bloque un porcentaje por maquinaria y otro por opinión”.

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¿Sirven las consultas?

La historia reciente muestra que las consultas sí sirven, pero no hacen milagros. En 2022, el caso fue elocuente. La consulta del Pacto Histórico le dio a Petro un impulso decisivo: visibilidad, agenda y la condición de favorito. En otras coaliciones, la consulta también sirvió para ordenar candidaturas, pero dejó la lección de que ganar una consulta no basta si no se logra ampliar la base.

La consulta da un piso. No garantiza el techo. El que no suma después —al centro, a los indecisos, a las regiones menos politizadas— se queda corto.

Por eso, la apuesta de Fajardo y De la Espriella podría interpretarse como un camino incierto, pero también “seguro”, en la medida en que pueden perder el impulso, incluidas sus listas al Congreso, de medirse antes que los otros. ¿De qué se pierden esos dos candidatos que aparecen punteros en las encuestas recientes? Pues de una eventual alianza con el ganador de la “Gran Consulta”, por ejemplo, pues se asume que después de medirse entre nueve personas, van a querer ir unidos a la primera vuelta en mayo.

Por el lado del “Frente Amplio”, hay tres ingredientes importantes. Primero, cuentan con la maquinaria del Ejecutivo en pleno, que no es poco. Segundo, Cepeda representa una especie de “voto de opinión” y Roy Barreras el voto de maquinaria, lo que podría ser complementario. Tercero, la izquierda está unida, a diferencia de la derecha que tiene a la “Gran Consulta” en un carril y en otro a De la Espriella. Fajardo, en el medio, por ahora dice que va solo, pero espera crecer para recibir alianzas.

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El factor marzo, ¿una ventaja?

La Gran Consulta de marzo tiene un valor adicional: coincide con las elecciones de Congreso: eso significa que los votos que se depositan para los congresistas llevan al hombro a los candidatos presidenciales.

Si tomamos solo el Senado en las elecciones legislativas de 2022, entre los cuatro partidos mencionados sumaron casi 8 millones de votos, el 46,56% del total. (Partido Liberal: 2.112.528 votos (12,43 %). Partido Conservador: 2.238.678 votos (13,18 %). Centro Democrático: 1.949.905 votos (11,48 %). Y Cambio Radical: 1.609.173 votos (9,47 %)).

Casi uno de cada dos votos al Senado en 2022 fue para estos cuatro partidos. Sin duda una cuota inicial importante para llegar con buen impulso a mayo. Un ganador claro ese día no solo tendrá millones de votos: tendrá momento. Llegará a la campaña presidencial con el viento a favor.

El candidato que gane esa consulta no habrá ganado la Presidencia. Pero habrá ganado algo que en Colombia pesa casi lo mismo: el derecho a ser tomado en serio.

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