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Un margay cayó desde un tercer piso en Bello y volvió al bosque tras un año y medio de rehabilitación

El hecho fue posible gracias a la articulación entre la ciudadanía, las autoridades ambientales y un proceso técnico de rehabilitación.

  • El margay (en la foto está el recuperado en Bello) es uno de los felinos más arborícolas de América: su anatomía le permite cazar y desplazarse casi por completo en las copas de los árboles, donde cumple un rol clave en el control de presas. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá
    El margay (en la foto está el recuperado en Bello) es uno de los felinos más arborícolas de América: su anatomía le permite cazar y desplazarse casi por completo en las copas de los árboles, donde cumple un rol clave en el control de presas. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá
  • La liberación de este ejemplar se realizó en un bosque de niebla del suroeste antioqueño, un ecosistema de alta complejidad que ofrece las condiciones necesarias para la supervivencia de especies sensibles a la fragmentación del hábitat. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá
    La liberación de este ejemplar se realizó en un bosque de niebla del suroeste antioqueño, un ecosistema de alta complejidad que ofrece las condiciones necesarias para la supervivencia de especies sensibles a la fragmentación del hábitat. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá
hace 35 minutos
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Un margay (Leopardus wiedii) cayó desde un tercer piso y sobrevivió, y ese hecho, que podría leerse como una anécdota insólita en clave urbana, terminó convirtiéndose en una radiografía precisa de uno de los problemas ambientales más persistentes del país: el tráfico ilegal de fauna silvestre y sus efectos silenciosos sobre especies que cumplen funciones clave en los ecosistemas.

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El episodio ocurrió en febrero de 2024: el animal permanecía en cautiverio dentro de una vivienda del municipio de Bello cuando cayó del tercer piso al segundo y terminó en el patio de una casa vecina. La ciudadanía alertó a la Policía Nacional, que activó la ruta de atención con el Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) de Fauna Silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Y desde ese primer contacto quedó claro que no se trataba de un caso menor, pues el felino mostraba una cercanía excesiva con los humanos, un comportamiento atípico en una especie eminentemente esquiva y solitaria.

Del cautiverio doméstico a la rehabilitación silvestre

Durante la valoración inicial, los profesionales identificaron que se trataba de un individuo juvenil con signos claros de impronta hacia las personas, una de las consecuencias más frecuentes del cautiverio ilegal. A esto se sumó la sospecha de una enfermedad metabólica ósea, asociada a una dieta inadecuada y a la ausencia de condiciones ambientales propias de la vida silvestre, que a su vez, comprometían su posibilidad de regresar al bosque.

“Se realizaron pruebas genéticas para confirmar la especie. Esta hembra recibió un proceso integral por parte del equipo interdisciplinario, enfocado en enseñarle nuevamente a cazar, buscar alimento y defenderse. Después de un año y medio, logramos cerrar con éxito su proceso de rehabilitación”, explicó Andrés Gómez Higuita, supervisor del CAVR de fauna silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

En una etapa del proceso, el panorama fue incierto e incluso se contempló la posibilidad de que el margay no lograra desarrollar las habilidades necesarias para sobrevivir en libertad. De haber sido así, su destino habría sido una colección viva, una salida que, aunque legal, implica renunciar a la función ecológica del animal en su entorno natural. Sin embargo, hacia finales de 2024, la evolución fue distinta y su mejora sostenida permitió reorientar el proceso con fines de liberación.

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El plan de rehabilitación incluyó una dieta especializada basada en presas enteras, con ajustes precisos en cantidades y frecuencia, así como días de ayuno controlado para estimular conductas de caza y forrajeo. Paralelamente, se redujo de manera estricta el contacto humano. El manejo a distancia y los ambientes controlados favorecieron la reaparición de comportamientos clave como el acecho y la caza efectiva, indicadores de que el instinto silvestre seguía presente.

La liberación de este ejemplar se realizó en un bosque de niebla del suroeste antioqueño, un ecosistema de alta complejidad que ofrece las condiciones necesarias para la supervivencia de especies sensibles a la fragmentación del hábitat. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá
La liberación de este ejemplar se realizó en un bosque de niebla del suroeste antioqueño, un ecosistema de alta complejidad que ofrece las condiciones necesarias para la supervivencia de especies sensibles a la fragmentación del hábitat. FOTO cortesía Área Metropolitana del Valle de Aburrá

Superada esa fase, el equipo interdisciplinario determinó que el felino estaba apto para volver al bosque. La liberación se realizó en articulación con Corantioquia y la Reserva Natural El Globo, en el suroeste antioqueño. “Estamos en el suroeste antioqueño, jurisdicción de Corantioquia. Este es un bosque de niebla, un ecosistema de alta complejidad, que cuenta con todas las características necesarias para que el individuo pueda desarrollar sus habilidades en libertad”, señaló Luis Guillermo Sierra, biólogo del equipo de fauna de Corantioquia.

La elección del lugar no fue casual, ya que el Banco de Hábitat Bosque de Niebla El Globo integra monitoreo constante de la biodiversidad y acciones de conservación y restauración. “Esta reserva cuenta con la protección de la fauna y la flora, y conserva importantes fuentes hídricas, por lo que el margay tiene aquí todas las condiciones ideales para su vida silvestre”, afirmó Francisco Bayer, guardabosques de la Reserva Natural El Globo.

Un felino clave para el equilibrio de los bosques

Desde el punto de vista ecológico, la liberación tiene un peso que va más allá de un solo individuo: el margay es uno de los felinos más arborícolas del continente, puesto que su cola, que puede representar hasta el 65 % de la longitud de su cuerpo, y sus adaptaciones en las extremidades posteriores le permiten desplazarse y cazar en las copas de los árboles, tal y como lo explica el Catálogo de la Biodiversidad de Colombia.

Además, es un depredador nocturno y solitario que consume aves, pequeños mamíferos, ranas e insectos, y que contribuye al control de poblaciones en los bosques, por lo que su presencia es un indicador de la salud de los ecosistemas boscosos, especialmente en zonas de niebla y selvas bien conservadas.

Sin embargo, se trata de una especie vulnerable que en Colombia está categorizada como Casi Amenazada y figura en el Apéndice I de la CITES, debido a que la deforestación, la fragmentación del hábitat y su captura para uso como mascota han reducido sus poblaciones, que ya son naturalmente pequeñas y con bajas tasas reproductivas.

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