Pocas horas después del despegue del Centro Espacial Kennedy, el pasado 1 de abril, la tripulación de la histórica misión espacial Artemis II reportó la primera de una serie de fallas muy curiosas.
Detrás del inmenso logro de completar una trayectoria alrededor de la Luna, algo que ninguna misión tripulada había vuelto a hacer desde 1972, la tripulación de cuatro astronautas de la Nasa a bordo de la cápsula Orion enfrentó una serie de contratiempos a casi 400.000 kilómetros de casa.
Todo comenzó con el Sistema Universal de Gestión de Residuos, el inodoro que le costó a la Nasa 23 millones de dólares. El aparato usa un ventilador para extraer los fluidos corporales en ausencia de gravedad. Ese ventilador, según el portavoz de la Nasa Gary Jordan, citado por la revista BBC Sky at Night, “se reportó como atascado” apenas comenzada la misión.
Desde Houston guiaron a la astronauta Christina Koch a través de una serie de pasos para liberar el sistema y la reparación funcionó temporalmente.
Pero durante el fin de semana, el director de vuelo Judd Frieling reconoció ante los periodistas que el inodoro volvía a presentar problemas. La causa era una obstrucción en la línea de ventilación.
“Parece que probablemente tenemos orina congelada en la línea”, explicó Frieling, citado por CNN. Los ingenieros de tierra diseñaron una maniobra para resolverlo: giraron la cápsula de modo que el conducto quedara orientado hacia la luz solar, con la esperanza de que el calor descongelara la obstrucción.
El plan funcionó parcialmente. El baño quedó habilitado solo para residuos sólidos y la tripulación debió recurrir al Urinario Plegable de Emergencia, un dispositivo documentado públicamente por el astronauta Donald Pettit, quien lo describió como capaz de sustituir la necesidad de unos once kilogramos de pañales.
A las fallas mecánicas se sumó un olor extraño dentro de la cabina. El astronauta canadiense Jeremy Hansen fue el primero en describirlo, según citó Space.com, como el olor que produce un calefactor al encenderse después de un largo período apagado.
La astronauta Koch también lo reportó en varias ocasiones. Los técnicos revisaron los datos de potencia y los sistemas de calefacción sin encontrar anomalías. La portavoz de la Nasa Debbie Korth descartó cualquier riesgo para la tripulación y el incidente quedó registrado como “un olor desconocido”.
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Pero el episodio más inesperado llegó durante una transmisión en vivo, cuando un astronauta informó a tierra: “Veo que tengo dos Microsoft Outlook y ninguno de los dos funciona”.
Según IFL Science, remitiendo a un artículo de Forbes, el instructor de vuelo de la Nasa Robert Frost explicó que los astronautas usan laptops con Windows por ser un sistema familiar.
El problema se resolvió aproximadamente una hora después del reporte. El director de vuelo Judd Frieling confirmó en una conferencia de prensa que el equipo de tierra accedió de forma remota al Microsoft Surface Pro del comandante Wiseman y recargó sus archivos para restablecer el programa. “Esto no es inusual. A veces Outlook tiene problemas de configuración cuando no hay una conexión de red directa”, explicó Frieling, según GeekWire. El programa quedó operativo, aunque mostrando estado desconectado, lo cual era esperado dada la distancia de la nave respecto a la Tierra.