Siendo algunas veces un gesto de saludo, cortesía, afecto, confianza o deseo, el beso es un gesto significativo que en una era donde todo puede simularse o editarse, es uno de los pocos momentos imposibles de fingir.
Una acción de tal importancia debe tener su día, el cual se celebra cada 13 de abril como recordatorio de lo ocurrido en el año 2013 cuando una pareja tailandesa logró el récord mundial del beso más largo, el cual tuvo una duración de 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.
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En el contexto de dicha celebración, el sitio francés Gleeden, especializado en encuentros extraconyugales y no monógamos pensado por y para mujeres, ha revelado un estudio sobre la relevancia del beso en las relaciones y su influencia en el deseo y la rutina.
De acuerdo con el sondeo realizado por la plataforma especialista en citas, un beso no sólo puede definir el inicio de una relación, sino que también puede revelar la evolución de esta, pues la rutina conyugal puede impactar directamente en su intensidad.
El estudio reveló que de las personas sondeadas, más del 40 % reconoce que la pasión ha disminuido en su relación estable, mientras que 22 % afirma que los besos prácticamente han desaparecido.
Asimismo, respecto a las relaciones extraconyugales, el 65 % de personas infieles admite sentirse raramente excitado al besar a su pareja habitual. El 72 % confesó excitarse mucho al besar a su amante.
Además, el 88 % asegura darse besos apasionados fuera de la relación estable, frente a un 65% que lo hace dentro de ella.
¿Qué genera un beso en el cuerpo humano?
De acuerdo con sicólogos y expertos de otras ciencias, besar genera una tormenta química en el cerebro causando varios cuerpos en el ser humano.
Neurocientíficas como Wendy Hill han sostenido que “los besos reducen los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y aumentan la oxitocina, fortaleciendo el vínculo emocional entre dos personas”. Marcel Danesi, antropólogo, ha expresado que “besar libera dopamina en el cerebro, el mismo neurotransmisor asociado con la adicción y el placer, creando un deseo de repetición”.
En cuanto a su duración, los estudios afirman que un beso de apenas 10 segundos puede implicar el intercambio de hasta 80 millones de bacterias y múltiples compuestos químicos que ayudan al cuerpo a “leer” a la otra persona, mientras que el sicólogo John Gottman afirma que “el beso de ‘6 segundos’ es un ritual de conexión física que actúa como una pausa psicológica necesaria en el caos del día a día”.
Un beso puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y fortalecer el vínculo emocional, por tal motivo, son muchas las personas que recuerdan su primer beso con claridad incluso años después.
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