En un escenario político en medio de un año electoral, el uso de la imagen del presidente Gustavo Petro ha dejado de ser una cuestión estética para convertirse en una herramienta de control político. La elección de equipararse con el jaguar, un animal que posee una carga simbólica profunda, especialmente en el Amazonas, no es casual, así como también la chaqueta de un piloto en medio de una “tormenta” política, funciona como una metáfora visual de su estilo de gobierno.
Así lo considera Álvaro Benedetti, analista político consultado por EL COLOMBIANO y quien considera que el jefe de Estado quiere proyectar a un mandatario que intenta pilotar el país en medio de una tormenta, bajo una premisa clara: en situaciones críticas, se requiere audacia antes que burocracia, incluso si eso implica ignorar el “manual” o el protocolo tradicional.
En sus palabras, Petro ha abandonado sistemáticamente el molde del presidente tradicional y formas solemnes. Aunque ya es parte del establecimiento, su imagen busca proyectar a un irreverente frente al poder. Esta ruptura visual, plantea el experto, es una táctica para mostrarse como una figura antisistema que prioriza el “mensaje de transformación” y lo social por encima de las etiquetas diplomáticas.
Su comunicación política también incluye la controversia por el precio de sus prendas, con críticas que apuntan a chaquetas de más de 2.000 dólares. Sin embargo, apunta el analista político, para el presidente Petro este tipo de comentarios negativos de los sectores “pro-establecimiento” tienen un efecto inverso: en lugar de afectarlo, lo enaltecen frente a sus bases, pues refuerzan su imagen de alguien que no se doblega ante las críticas de las élites.
Según Álvaro Benedetti, los recientes símbolos adoptados por el mandatario no buscan ampliar sus simpatías de manera tradicional, sino sostener una identidad fuerte frente a una capacidad de gestión y negociación que hoy se percibe como limitada. Para Benedetti, la ruptura del protocolo y el alejamiento de la imagen presidencial clásica (de corbata y moldes tradicionales) es una táctica deliberada para tensionar el modelo de gobernabilidad. El analista sostiene que, ante las dificultades para avanzar a través de las leyes y las instituciones, el presidente opta por trasladar la disputa al terreno simbólico.
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De esta manera, Petro busca que la narrativa nacional gire en torno a su nombre y que los conflictos internos del país no se interpreten como errores de su administración, sino como una prueba de que su gobierno está afectando intereses poderosos. Esta estrategia se asemeja a un piloto que intenta navegar una tormenta, ignorando el manual y apostando exclusivamente por la audacia.
Para el experto, la imagen de “irreverente frente al poder” es un componente central de su identidad, incluso ocupando la posición más alta del establecimiento. Benedetti señala que esta postura genera una división marcada en el país: “un 50 % de la población puede percibir estas acciones como señales de audacia y una conexión genuina con el pueblo; el otro 50 % lo considera ridículo”, especialmente en el ámbito internacional.