x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

In Memoriam Guillermo Mejía Mejía

Su paso por el mundo no fue estéril ni en vano, pues fue útil a la sociedad, a la patria y a los suyos; jamás conoció el egoísmo, las ambiciones desmedidas ni las prácticas ilegales por rentables que fueran.

04 de julio de 2025
bookmark
  • In Memoriam Guillermo Mejía Mejía

Por Armando Estrada Villa - opinion@elcolombiano.com.co

Murió el destacado abogado Guillermo Mejía Mejía, quien por sus profundos conocimientos sobre el funcionamiento de la democracia y todo lo que tuviera que ver con asuntos electorales, se convirtió en permanente fuente de consulta confiable y relevante para periodistas y dirigentes políticos. Causó enorme sorpresa este lamentable suceso porque Guillermo no revelaba ni comentaba que tuviera problemas de salud. Asistí compungido a sus honras fúnebres en compañía de sus familiares, cientos de compañeros y admiradores de todos los partidos políticos, clases sociales y feligreses católicos,

Afirma el dicho popular que “no hay muerto malo”, como una forma de resaltar y engrandecer los logros y virtudes y desvanecer los defectos y yerros del fallecido. Pero debo destacar con convicción que ese común refrán no es aplicable a Guillermo porque es un muerto bueno, en quien hay que reconocer que en vida tuvo positivas realizaciones, frutos efectivos en sus empeños y probidad y transparencia en todos sus actos. Lo conocí y tuve el privilegio de disfrutar de su generosa y útil amistad durante muchos años, razón por la cual puedo asegurar que fue un servidor público honesto y exitoso, un jurista de muchos quilates, un competente profesor universitario, un católico convencido creyente de los dogmas, practicante de los rituales y respetuoso de los preceptos éticos de su religión, un liberal socialdemócrata de tiempo completo y un contertulio bien informado, serio en sus planteamientos y deferente con el contradictor.

Por capacidad, méritos y honestidad probadas ocupó importantes cargos en la vida pública, como quiera que fue secretario del despacho en el municipio de Medellín y en el departamento de Antioquia, gerente regional del Seguro Social, rector del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, miembro y presidente del Consejo Nacional Electoral, y en todos hizo gala de sus virtudes morales e intelectuales, fiel a los principios, valores y mandatos de la Constitución Política, la democracia y la justicia. Así mismo, sobresale como tratadista de temas electorales como la demuestran sus libros Régimen Jurídico de las elecciones en Colombia, Manual para candidatos, testigos electorales y jurados de votación y El Consejo Nacional Electoral en la Reforma Política de 2003.

Se caracterizó por su apego y afición por el debate y la controversia, en los cuales muchas veces fui su contradictor, por lo que estoy habilitado para reconocer su respeto por el adversario su sólida formación jurídica e intelectual, la inteligencia con que abordaba preguntas y respuestas y la sensatez y profundidad de su argumentación.

Su paso por el mundo no fue estéril ni en vano, pues fue útil a la sociedad, a la patria y a los suyos; jamás conoció el egoísmo, las ambiciones desmedidas ni las prácticas ilegales por rentables que fueran. Es claro que su ausencia definitiva deja un vacío inconmensurable, pero también un legado de amistad, pulcritud, conocimiento y amor a su familia, su religión, su partido y su país. Ha muerto, pero no para sus familiares y amigos, porque sus obras y recuerdos siguen vivos en nuestros corazones.

Sigue leyendo

María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

LEER Crítica arrow_right_alt

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD