Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Por Carolina Piñeros Ospina* - opinion@elcolombiano.com.co

¿Quieres dar un buen regalo? Piensa mal...

24 de diciembre de 2025
bookmark
  • ¿Quieres dar un buen regalo? Piensa mal...

Por Carolina Piñeros Ospina* - opinion@elcolombiano.com.co

En estas fiestas, el regalo que más ilusiona a niñas y niños podría ser, justamente, el que más daño les hace. Antes de envolver un celular o un juguete “inteligente”, conviene pensar mal: la evidencia muestra que la tecnología personal temprana no trae magia, sino riesgos.

A nosotros nos encantaban una bicicleta enorme o unos patines que siempre eran dos tallas más grandes —para que nos duraran más en la lógica adulta de la época, sin importar que significaran caídas más fuertes—, pero hoy el regalo “soñado” viene con forma de pantalla.

Se trata de un celular inteligente, que entregamos a edades cada vez más tempranas y muy pronto usan a la perfección. El problema es que no llega solo: viene con riesgos documentados. La evidencia muestra que el uso de un dispositivo electrónico personal antes de los 14 años aumenta la falta de sueño, la ansiedad y la depresión, y disminuye las habilidades socioemocionales, como la autoestima y la regulación emocional. En pocas palabras, cuanto más temprano se tiene un dispositivo de uso personal, mayores son los riesgos de desarrollar estas condiciones.

En Red PaPaz entendemos que, cuando se trata de educar y cuidar a niñas y niños, debe primar el principio de precaución. Es especialmente útil en estos tiempos, cuando la novedad nos tienta a ser los primeros en regalar un juguete con inteligencia artificial. Parece inofensivo, pero, a diferencia de nuestras raspaduras de rodilla, los impactos que puede traer son mucho más complejos y no se curan con un “sana que sana, colita de rana”.

Recordemos, además, que la industria tecnológica —al igual que muchas otras— construye sus estrategias de mercadeo enfocada en las ventas y la dirigen a las niñas y los niños, sus potenciales consumidores. Su objetivo no es su seguridad ni su bienestar, sino vender.

Todo esto nos lleva a una conclusión importante: no basta con que los colegios restrinjan el ingreso y uso de los celulares a edades tempranas; nosotros también debemos evitar que aparezcan envueltos en nuestro árbol de Navidad.

Pensemos dos veces antes de dar un regalo a una niña o un niño. Nuestro reto es enorme: hacerlos felices sin causarles daño, en un mercado saturado de productos que, por el márquetin y la publicidad, se presentan como ideales, aunque no siempre lo sean.

Feliz Navidad con niñas y niños más conectados con su familia y con la naturaleza, y menos a las pantallas. Y no olvidemos algo esencial: ningún dispositivo sustituye el papel de los adultos en su bienestar. El algoritmo puede esperar; la infancia, no.

*Directora ejecutiva de Red PaPaz

Sigue leyendo

María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

LEER Crítica arrow_right_alt

Por Carolina Piñeros Ospina* - opinion@elcolombiano.com.co

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD