x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Sector eléctrico: entre el discurso y la realidad

La política energética es también política social. Define la justicia distributiva, la confianza en las instituciones y la credibilidad del país frente a los inversionistas.

28 de agosto de 2025
bookmark
  • Sector eléctrico: entre el discurso y la realidad

Por Mauricio Restrepo Gutiérrez - opinion@elcolombiano.com.co

No se entiende aún por qué el gobierno nacional insiste en ignorar las consecuencias de un posible déficit de energía en los próximos años. No basta con atribuirlo al fenómeno de El Niño y a la disminución de los embalses: el verdadero problema radica en una política errática que debilita, con alarmante ligereza, la seguridad y la soberanía energética del país.

Durante casi tres décadas, Colombia levantó un marco regulatorio que garantizó estabilidad, atrajo inversión y sostuvo el crecimiento del sistema. Hoy ese avance se encuentra amenazado por intervenciones apresuradas, carentes de sustento técnico y jurídico, que generan incertidumbre y erosionan la confianza. Lo que antes era una advertencia, se convierte en una amenaza concreta: el país podría enfrentar un apagón no solo energético, sino también financiero.

La tensión entre el clamor ciudadano por reducir tarifas y la necesidad de asegurar la continuidad del servicio crece cada día. La presión social es legítima, pero no puede resolverse con decretos improvisados que cambian las reglas sin claridad. El sistema requiere normas estables, visión de largo plazo y respaldo institucional.

Las señales oficiales resultan inquietantes. Se anuncian leyes que despiertan más dudas que certezas y se revisan mecanismos esenciales del mercado sin criterios transparentes. La suma de urgencia política y falta de rigor técnico no solo compromete la economía del sector eléctrico: mina la credibilidad del Estado como garante del suministro.

La brecha entre oferta y demanda se amplía por retrasos en proyectos de generación y transmisión, mientras gran parte del Sistema de Transmisión Nacional requiere modernización. La demanda crece con rapidez en las ciudades, pero la capacidad del sistema avanza a un ritmo mucho más lento.

Los obstáculos estructurales son conocidos: trámites ambientales interminables, inseguridad jurídica que desalienta la inversión y falta de coordinación entre instituciones. Todo esto coloca al país ante una disyuntiva: avanzar hacia una transición energética realista, con reglas claras y continuidad normativa, o resignarse a un racionamiento con graves consecuencias económicas y sociales.

Una verdadera transición energética exige decisiones consistentes, normas confiables y un horizonte estratégico que combine sostenibilidad ambiental, seguridad del suministro y equidad social. Solo con una planificación seria y concertada entre Estado, gremios y academia será posible evitar que la improvisación conduzca a un colapso.

En este escenario, impulsar cambios sin diagnóstico ni soporte técnico no equivale a liderazgo climático, sino a irresponsabilidad. Pese a ello, el gobierno niega la posibilidad de un apagón y transmite una calma artificial que contradice la evidencia. Esa actitud, más ideológica que técnica, posterga las decisiones que garantizarían la sostenibilidad del sistema.

La política energética es también política social. Define la justicia distributiva, la confianza en las instituciones y la credibilidad del país frente a los inversionistas. Convertir la sostenibilidad en un verdadero proyecto nacional exige reconocer esa complejidad y actuar en consecuencia. Lo que está en juego no es únicamente el costo de la electricidad, sino el rumbo mismo del desarrollo colombiano en las próximas décadas.

Sigue leyendo

María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

LEER Crítica arrow_right_alt

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD