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Potencia deportiva

El deporte es una herramienta transversal que impacta salud, educación, productividad, economía e incluso diplomacia.

19 de noviembre de 2025
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  • Potencia deportiva

Por Paola Holguín - @PaolaHolguin

El Gobierno Petro abandonó el deporte. El recorte acumulado se calcula en $3 billones; pasamos de $813.000 millones en 2022, a $877.000 millones en 2023 y $1.3 billones en 2024, pero solo se ejecutaron $468.000 millones; este año la asignación bajó a $464.000 millones, de los cuales se habían ejecutado $120.000 millones a julio, y el aprobado para 2026 es de $496 mil millones, gracias a la adición de $200.000 millones hechos por el Congreso; el Ministerio del Deporte no podrá cumplir sus programas, las escuelas de talento no tendrán presupuesto para atender 1.300 niños, el déficit del incentivo a medallistas llegará a $27.000 millones, y el programa Deportistas Excelencia, que financia atletas olímpicos y paralímpicos, tendrá menos del 50% de recursos requeridos ($14.000 millones de $30.000 millones).

Nosotros entendemos el deporte como una herramienta transversal que impacta salud, educación, productividad, economía e incluso diplomacia; lo concebimos como generador de valores, identidad y cohesión; nos comprometemos a respetar la Constitución que lo establece como gasto público social, y las leyes que llaman a integrar educación y actividad física, a coordinar la gestión entre Nación y territorios, a desarrollar programas especiales para discapacidad, adulto mayor y sectores vulnerables, a crear espacios deportivos, a promover deporte competitivo y de alto rendimiento, y a fomentar la formación, investigación científica e innovación en deporte. El BID desde 2024 ha definido el deporte como vía para el desarrollo, y por ello viene ampliando programas en la región. Nosotros proponemos seis ejes:

1. Deporte como parte de la política de salud pública, para prevención de enfermedades no transmisibles, crónicas, y mejoramiento de salud mental. Integraremos en atención primaria de salud la actividad física, siguiendo línea de la OMS y experiencias de la OCDE; reactivaremos y ampliaremos hábitos y estilos saludables; e incorporaremos el deporte en atención en salud mental.

2. Deporte como herramienta de seguridad. Programas bien diseñados reducen exposición de jóvenes a entornos de riesgo y mejoran convivencia. UNODC facilita guías sobre deporte y prevención del crimen.

3. Deporte como pilar de educación. Las Leyes 115 de 1994 y 181 de 1995 establecen educación física, deporte y recreación como parte esencial del currículo. Vamos a restituir becas y créditos condonables para campeones y entrenadores, y a trabajar en estimulación temprana y deporte para primera infancia.

4. Economía del deporte y grandes eventos. Vamos a acelerar implementación de la Cuenta Satélite Nacional del Deporte, a crear la estrategia Colombia Sede, tomando como referencia el plan Sport 2030 de Australia, que demuestra que la tasa de retorno es de 7 por dólar invertido.

5. Infraestructura y acceso territorial. De más de 54.700 escenarios tenemos que recuperar 16,5% que están en mal estado y 45,5% regular; construir y adecuar 105 escenarios requeridos en Córdoba y Sucre para Juegos Nacionales, promover uso inteligente de infraestructura en tiempos muertos y combinar escenarios de alta competencia con una red de infraestructura de cercanía. 6. Sistema, gobernanza y recursos. Vamos a ordenar el sistema, reducir la burocracia y garantizar el presupuesto para programas y deportistas. La meta es: Colombia potencia deportiva.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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